Un paseo entre Canelo y Doñana

Es un suave susurro el que mece las copas de los inmensos pinares de Doñana. El que se acelera orquestando y silbando en un va y ven de ramas que se entrelazan unas con otras sintonizando una melodía de despedida.

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Con Canelo en Doñana.
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Con Canelo en Doñana.

Otoño se marcha. Pero antes de hacerlo nos bendice con sus lluvias estivales y nos regala el verde más intenso que nos puede mostrar el campo. Es entonces cuando comienza a brotar la vida, cuando sin pensarlo demasiado te ves inmersa en una competición entre tu caballo y el tiempo.

Canelo necesitaba de mañanas, de galopadas largas y de los desafíos ofrecidos por este espacio natural. Entre su buen paso y su buen galope se animaba Noah que nos acompañaba con la lealtad que le caracteriza.  Su potencia y suspensión solo podían ser signo de su raza. Sus tres sangres que realzan su nobleza y su relajación.

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Botas Roberto Garrudo. Silla de competición Casa Vidal.
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Canelo, su potencia y suspensión destacan entre sus cualidades.
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Noah, Canelo y yo después de un día de lluvia en Doñana.

El compás se mece entre mis estribos y mis botas que con pasión y delicadeza ha creado Roberto Garrudo. Y entre charcos, sol y vida disfrutamos de una mañana inigualable. Porque el otoño se acaba pero nos deja estampas y momentos que se quedan grabados en la retina que compartimos jinete y caballo.

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Noah, Canelo y yo entre los charcos de Doñana.
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El buen galope de Canelo nos hace disfrutar tanto a Noah como a mí.
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Días de campo con Canelo y Noah en Doñana.

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